Araceli Avilés – 17.8Kg


A la edad de 20 años con un peso de 45 kilos y confiada en que podría mantener esa complexión delgada toda la vida pensaba: “ ¡Perfecto! podré comer todo lo que quiera”, lógicamente a esa edad que más se puede pedir en el aspecto físico, “Comer sin engordar” pensaba, “¡Que bien!”, pero por otro lado,  mi salud no estaba bien, pues ese peso lo mantenía a causa de una enfermedad renal,  la cual no permitía que me desarrollara como todos los jóvenes de mi edad. Gracias a Dios me operaron con éxito y después de esa etapa empecé a desarrollarme, iba ganando peso, ya  reflejando mi edad y curvas, viéndome y sintiéndome mucho mejor, todo iba muy bien.

Terminé la universidad y empecé a trabajar, siempre procurando ir a las revisiones médicas, pero después de un tiempo y de sorpresa para los médicos el incremento de peso iba rápido y en cada revisión. No deseaba tener otra enfermedad (hipertensión, tiroides, etc), durante cinco años me decían: “tienes que bajar de peso”, “trata de hacer ejercicio”, y “modérate en tus alimentos” recalcando que era por mi salud, y que mi organismo, entre más peso, lo forzaba a trabajar de más, aun así, no le daba la importancia que merecía. Siempre el pretexto era el tiempo y, por lo mismo, el sedentarismo que adopté, mis malos hábitos de comida: desayunar y comer poco pero en la cena todo lo que pudiera; alimentos ricos en grasas y carbohidratos y, por si fuera poco, ir a dormir inmediatamente después de la cena, el resultado 87 kilos de peso, que no quería ni ver en la báscula.

En una oportunidad, al escuchar por radio como era el sistema de Jenny light, me decidí a llamar y agendar una cita, era el momento oportuno, un cambio en el ritmo de trabajo me permitía acomodar mis tiempos para dedicarme a mi bienestar sin saber del todo llevar una dieta. Así, un viernes de marzo, con la decisión firme de que quería hacerlo y alcanzar mi peso óptimo, ya no los 45 sino los 65 kg pero saludables, asistí a la sucursal del valle con mi Nutrióloga Ingrid quien me explico acerca del programa e invitó a probarlo por un mes, ¿Qué podía perder si no lo intentaba? así que al empezar con el primer menú y darme cuenta que comía más de lo que estaba acostumbrada y además alimentos que me gustaban, y aparte ellos me proporcionaban la comida, pensé: “Así sí puedo cumplirlo”. Aunque al inicio fue difícil iniciar la tarea del ejercicio, no puse pretextos para hacerlo, y menos cuando vi que en cada sesión había buenos resultados. Me animaba a seguir y no decaer aun cuando en ocasiones solo bajaba  200 gramos, sabía que lo importante era ser constante.

Ahora no solo espero llegar a mi peso sino mantener la forma de alimentación, mi cuerpo ya está acostumbrado a las porciones de comida y sé que debo esforzarme en mantener al menos 20 a 30 min de ejercicio tres veces por semana; sé que mi condición física mejora día a día, ya no me fatigo, puedo jugar con mis sobrinos y sé que también gano una  mejor calidad de vida. He aprendido a elegir mis alimentos, todo con moderación y hasta a conocer la cantidad de calorías con las que mi cuerpo trabaja y se siente bien. Comparto con mi familia los detalles de lo que me toca comer, para que ellos también puedan preparar y adoptar ese cambio que nos beneficia a todos.

Araceli Avilés García.

2017, JL.

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